Vida nueva

Una vez más se ha reunido Ceopan con el ministro de Agricultura, ya veterano en estas lides. Y, una vez más, ha vuelto a resplandecer la cohetería de los buenos propósitos; la voluntad de auxiliar a un sector básico como el panadero; y el de la foto para dejar constancia de la actividad infatigable para ayudar a un sector. A Miguel Arias Cañete no debe de sonarle esto a nada nuevo, porque cuando fue ministro de agricultura, hace ya diez años, debió escuchar las mismas cosas y debió ofrecer las mismas soluciones, y volvió a ofrecer el mismo gesto beatífico de buena voluntad y buenos propósitos, mostrándose impávido ante el descenso constante del consumo de pan. Mientras los buenos propósitos y las mejores iniciativas no afecten a los panaderos de actividad artesana -¿son más de doce mil?, según dicen las estadísticas siempre tan engañosas- y no tintineen los euros en la recaudación de cada día, seguiremos asistiendo al aquelarre de un sector que se hunde irremediablemente, como no aparezca el Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas.
La panadería aun no ha sabido sacudirse su imagen de sector básico para la sociedad. La fanfarria de muchas organizaciones sindicales que amenazan con una huelga general, no tiene equiparación con el simple hecho de que la panadería decidiera un día con dejar de servir su pan. Eso es algo impensable porque, tristemente, el peso del panadero artesano cada vez es menos influyente. Estamos en la era de los puntos calientes –como demostrábamos en la edición de Panorama del mes de marzo-; del pan congelado y del avance arrollador de la técnica industrial que arrasa con todo porque, nos guste o no, el precio de su producto no tiene competencia.
La cuesta arriba para el panadero artesano que hace de su actividad un clarín de gloria, es cada vez más difícil y complicada, pero tiene, y nosotros también tenemos, la seguridad de que a la larga su pan elaborado a conciencia, con respeto y dignidad, siempre tendrá un lugar de privilegio en la sociedad del siglo XXI, como pasa en los países más avanzados. Atravesamos dificultades y penalidades de todo tipo que, como ha ocurrido tantas otras veces, vamos a superar. Y, como entonces, el mayor nivel de vida y su mejor calidad, demandará un producto de privilegiada presencia como el pan en cualquier mesa.
Mientras tanto, el señor ministro puede reunirse y mostrar su mejor voluntad para resolverle el problema a un sector básico como el de la panadería.


